De propuestas y casamientos

Recorrer el Central Park y no encontrar al menos dos o tres parejas próximas a casarse siendo fotografiadas pareciera imposible según mi propia experiencia. Claro que no es algo fuera de lo común, dado que todas las ciudades tienen su propio lugar emblemático para tal fin y el Central Park es el de Nueva York.

Lo extraordinario fueron dos situaciones con las que me topé por pura casualidad y el hecho de que, la más impactante de ambas, no transcurriera en el famoso parque neoyorquino.

Will you marry me?

La Grand Central Station es un lugar icónico de Nueva York, que ha sido escenario de películas como Hombres de negro, Madagascar y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, entre otras, por lo que decidí ir a conocerla. Mientras sacaba algunas fotos apoyado en una baranda de mármol que da al hall central de la misma, veo a un hombre pegando una serie de papeles que parecían formar un cartel pero que desde mi lugar no podía leer. Le resté importancia y tan sólo me limité a hacerle un lugar para que continuara su trabajo donde estaba ubicado yo. A los pocos minutos, un amigo que estaba conmigo me dijo que en el cartel se leía la frase “Will you marry me”.

Will you marry me?

Tal abierta declaración comenzó a generar una gran expectativa entre la propia gente que circulaba por la estación. Incluso una mujer policía se nos acercó para preguntarnos si nosotros habíamos pegado el cartel y, ante la negativa de nuestra parte, comenzó a despegarlo. Inmediatamente apareció el muchacho, que intentó persuadir a la mujer con argumentos como “pregunté esta mañana antes de entrar a trabajar y me dijeron que se podía, ella llega en cinco minutos, están mis amigos preparados para sacar fotos y filmar, no me arruines la sorpresa ahora”.

Los cinco minutos se hicieron alrededor de diez y la expectativa crecía en todas las personas que ya no se movían por la estación sino que comenzaban a detenerse para ser testigos del desenlace de la historia, mientras que el muchacho iba y venía con evidentes nervios, intentando encontrar a su novia.

Cuando la chica se hizo presente, el hombre se arrodilló ante ella, en medio de un círculo enorme de gente que no podían creer la situación de la que estaban siendo testigos (entre las que me incluyo) y abrió una pequeña caja con dos anillos que presentó ante ella. La mujer, con evidentes signos de emoción, aceptó al instante y se besaron, al momento que todos los presentes en la estación, que pocos minutos antes era un lugar de histeria y corridas, se unieron en un aplauso unánime en señal de aprobación y alegría.

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Yes, I do!

Protagonizar sin buscarlo una propuesta de casamiento parecía ya suficiente y sin embargo, mientras a cada paso me deslumbrada con el colorido y la belleza de los paisajes del Central Park, me topé con una escena singular que me despertó una enorme sonrisa, un poco por la emoción del momento y otro poco por la satisfacción de la sorpresa.

Había tomado uno de tantos senderos que me llevó a un lugar en donde transcurría un evento algo particular: dos mujeres con sus partituras e instrumentos, una niña con un ramo de flores entre sus manos y algunas personas más rodeaban a una pareja, él muy elegante con un traje y ella con un impoluto vestido de novia. En ese preciso instante, un muchacho parado sobre el borde de un cantero los estaba casando, en medio del verde y las flores del parque. Así fue como, sin quererlo, la pareja tuvo un fotógrafo inesperado que captó algunas imágenes del momento, aunque decidió alejarse rápidamente, temiendo que la ola de casamientos fuera a propagarse y lo encontrara sin estar preparado.

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Olvidar la rutina, vivir los momentos

Una de las cosas que me fascina de viajar es poder hacerlo en total libertad, sin planes ni apuros, sin programas que seguir ni decisiones premeditadas, alejado de la vorágine de cada día. Gracias a tal espontaneidad fue que me encontré con los momentos que relato y con otras muchas situaciones que quedarán para siempre entre mis recuerdos. Rescato de las historias que conté algo que me parece interesante: no es el lugar lo que importa, al margen de gustos y fantasías personales, sino que son las emociones que uno experimenta las que pueden convertir un lugar de nuestra vida diaria en el escenario de momentos que nos marcarán para siempre.