Noche de improvisación culinaria

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En la cocina me defino como un improvisador con suerte. Improvisador porque las comidas las invento a medida que cocino. En esto, se ponen en juego dos factores: lo que haya en la heladera y las alacenas, y lo que en el momento se me ocurra que, combinado, puede quedar bien. Tal es la improvisación que me resulta imposible repetir una comida que haya hecho con anterioridad, porque no tomo nota ni de ingredientes ni de cantidades (que son totalmente a ojo). Con suerte, porque hasta ahora nada me ha quedado lo suficientemente feo como para que no pueda comerse.

Esta noche es otra de esas, donde se me dio por descongelar algo de brótola que tenía en el freezer. Habiendo escuchado mil veces “brótola grillé” decidí buscar en Internet qué era eso del grillé. Leí un poco, la idea era simple. Entonces, resuelto cómo cocinar la brótola, quedaba definir el acompañamiento. ¡Papas! Puse a hervir las papas y, acto seguido, a revisar la heladera. Podría hacer algo con ese queso crema, pensé. Entonces, lo mezclé con leche, agregué un caldito y lo puse a calentar. Más tarde agregué las papas a esa salsa.

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Al rato, condimenté la brótola, la puse en la sartén bien caliente y, después de unos minutos, obtuve por fin el resultado final: brótola grillé con papas en salsa de queso y leche. Le faltaba un poco de sal pero, en líneas generales, se dejó comer.