Un día en mi vida

De propuestas y casamientos

Recorrer el Central Park y no encontrar al menos dos o tres parejas próximas a casarse siendo fotografiadas pareciera imposible según mi propia experiencia. Claro que no es algo fuera de lo común, dado que todas las ciudades tienen su propio lugar emblemático para tal fin y el Central Park es el de Nueva York.

Lo extraordinario fueron dos situaciones con las que me topé por pura casualidad y el hecho de que, la más impactante de ambas, no transcurriera en el famoso parque neoyorquino.

Will you marry me?

La Grand Central Station es un lugar icónico de Nueva York, que ha sido escenario de películas como Hombres de negro, Madagascar y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, entre otras, por lo que decidí ir a conocerla. Mientras sacaba algunas fotos apoyado en una baranda de mármol que da al hall central de la misma, veo a un hombre pegando una serie de papeles que parecían formar un cartel pero que desde mi lugar no podía leer. Le resté importancia y tan sólo me limité a hacerle un lugar para que continuara su trabajo donde estaba ubicado yo. A los pocos minutos, un amigo que estaba conmigo me dijo que en el cartel se leía la frase “Will you marry me”.

Will you marry me?

Leer más»

La gotera

Probablemente sea innecesario explicar el confort que el equipo de frío/calor le dio a mi vida diaria. En medio del campo, sin una sola planta cerca de mi casa, los veranos son intensamente calurosos y los inviernos… ¡sí que son crudos! Pero la instalación del mismo trajo aparejado un pequeño inconveniente:

La gotera

La gotera

Esa fue la solución temporal a la gotera que apareció. Y fue temporal por mucho tiempo, como suele ocurrir en estos casos. Hasta que hoy, buscando una historia para contar, se me dio por inspeccionar el problema y me encontré con esto:

Leer más»

Noche de improvisación culinaria

Leandro_Di_Tommaso_Comida_2

En la cocina me defino como un improvisador con suerte. Improvisador porque las comidas las invento a medida que cocino. En esto, se ponen en juego dos factores: lo que haya en la heladera y las alacenas, y lo que en el momento se me ocurra que, combinado, puede quedar bien. Tal es la improvisación que me resulta imposible repetir una comida que haya hecho con anterioridad, porque no tomo nota ni de ingredientes ni de cantidades (que son totalmente a ojo). Con suerte, porque hasta ahora nada me ha quedado lo suficientemente feo como para que no pueda comerse.

Leer más»